Aportes para la reflexión

Quinto Módulo

Este módulo inaugura lo que podríamos llamar la segunda parte del Seminario. Hasta ahora, hemos estado trabajando sobre lo que podríamos denominar “Una mirada diagnóstica”, sobre las características y las variables que determinan la estructuración de las familias uruguayas contemporáneas. 

Los tres últimos módulos versarán sobre experiencias de intervención con familias. Hemos seleccionado tres poblaciones especiales:

-         Familias con hijos en edad preescolar (5to módulo)

-         Familias con hijos en edad escolar (6to módulo)

-         Familia con hijos  en conflicto con la ley (7mo. Módulo) 

La situación de intervenir en el diccionario se vincula con la acción  y efecto de “mediar, interponerse, apoyar, arbitrar, injerir, influir, participar, oficiar”. 

Es natural que un proceso diagnóstico en cuanto a análisis de situación derive en estrategias de intervención procurando algún efecto transformacional. 

 A lo largo de los módulos anteriores se han reiterado menciones a políticas educativas, de salud mental y sociales. 

La experiencia que nos será presentada hoy procura intervenir en la calidad de los vínculos intra e Inter familiares apoyando y aportando elementos a los adultos para cumplir su función parental en las primeras etapas de los niños. 

Fue pensado como un programa de promoción del Desarrollo en la infancia temprana, desde un contexto de atención a los Derechos del Niño. Procura además atender a un principio de equidad social actuando sobre el efecto acumulativo de un ambiente pauperizado. 

La fecundidad e importancia de esta experiencia es conocida por todos ustedes. De la Conceptualización de sus fundamentos y del seguimiento de la progresión de sus efectos se ocuparán los técnicos responsables de la Secretaría Ejecutiva del Plan de CAIF(Centros de Atención a la Infancia y la Familia). 

Creemos que lo más importante, desde nuestro lugar es enmarcar este proyecto desde su doble significación, tanto para la familia como para la comunidad. 

Corresponde a un esfuerzo transformacional para revertir lo que se ha dado en llamar “estética de existir”  de las familias en situación de exclusión y desamparo. 

Lo que resulta más conmovedor es el testimonio de todos los involucrados en la experiencia de luchar contra la desesperanza y desvitalización que produce la pobreza en su dimensión de trauma acumulativo.        

Si hay un deseo que caracteriza al ser humano es el de ser transformado en alguien mejor, éste está presente en todos los mitos de todas las culturas. 

Desde la teoría psicoanalítica los autores contemporáneos conceptualizan la experiencia de transformación subjetivo como un proceso que solo es posible de  darse en un contexto vincular de apego, intimidad y confiabilidad con otro significativo que se vuelve “objeto de apropiación identificatoria”. 

Pensamos que esto  es lo que se ha logrado generar como producción colectiva, un proceso del que todos los participantes emergen revitalizados.   

Podríamos decir que es un hermoso ejemplo para poner a producir la condensación de sentidos que ofrecen algunas palabras, a una autora argentina le gusta advertir la coincidencia de que el verbo creer y crear para la primera persona se conjuguen igual. 

Al decir yo creo (retomando ideas ya mencionadas) afirmo que adhiero a algo y a la vez digo que estoy inaugurando algo nuevo, que nace a la vida en ese momento. 

La experiencia del renacimiento también esta presente en el mito más antiguo de las culturas. Pensamos que el Plan CAIF ofrece una oportunidad de renacimiento para todos los involucrados en él, para algunos será el poder remediar experiencias traumáticas y para otros el poder construir algo inédito que nunca antes fue experimentado. 

Es una ejemplificación de convertir obstáculos en oportunidades. Sabemos que la frustración origina dolor psíquico y que éste se vuelve “rabia”. 

La propuesta del Plan apuntaría  poner a producir esa “rabia” a volverla en capacidad de lucha  para que se operen  cambios. Tal vez por esto resulta tan emotivo leer los testimonios reseñados en el documento “Un lugar para crecer y aprender jugando”. Pensamos que son ejemplos de poner a producir la terquedad al servicio de la vida. 

Creemos también que es una oportunidad  apreciar un verdadero proceso de aprendizaje, como experiencia de habilitación y apropiación: parte de sus supuestos de reconocer lo positivo que existe en el grupo con el cual se va a intervenir, del “comprender antes de juzgar” (véase libro antes mencionado página 22). Del renunciar a funcionar desde el lugar del técnico como el colonizador que viene a “llenar huecos” y a intentar “compensar faltas”. 

Para la teoría psicopedagógica contemporánea no habrá verdadero aprendizaje si no se ofrecen oportunidades para un proceso de apropiación, de construcción personal, solo podremos apropiarnos de lo que nos ofrece quién se acerca a nosotros con una mirada habilitadora. 

Logran así por lo tanto, comunicar la arquitectura de un proceso educativo donde lo subjetivo se va armando como una propiedad intrapsíquica, matriz de humanización, en forma simétrica aún  afuera, que se ofrece afablemente. 

Se va logrando así construir un espíritu colectivo, una mística compartida que parece rodearlos como un círculo invisible en torno a la tarea de construir un lugar más armónico para construirse personas. 

Luego, se percibe una invitación lúdica ... como dicen los niños “¿ta que todo el mundo es como este pedacito nuestro? “ Ahí estaría la verdadera utopía de la propuesta, o que los hace soñar con la posibilidad de darle jaque a la desesperanza, la potencialidad de acceso a la progresión geométrica. 

De todos modos deberíamos decir que lo más importante parecería ser, valga la redundancia, del orden de lo inefable,  de lo imposible de “ser  asido con palabras” , compuesto por la materia de la emoción, del estremecimiento, siempre silente, mudo para siempre,  en el lugar donde anida la gratitud.